miércoles, 5 de noviembre de 2014

Conteo

Si al tiempo lo denominaran, le pondrían por nombre apresurado.
es difícil saber qué hora es y administrar correctamente el tiempo cuando ni siquiera estas presente en el espacio. Diez minutos, doce, veinte, treinta. Nada que acabo, nada que empiezo.
Paso el día exprimiendo cada instante aburrido del tiempo, carcomo segundos y malgasto horas. Treinta, cuarenta, cincuenta. Estoy parada justo dónde se puede contemplar el tiempo pero no sacar provecho de él, cómo si estuviera exhibido frente mío y no pudiera hacer nada para dejara de desbordarse. Para mí el reloj no tiene ninguna utilidad excepto ubicarme apáticamente dónde le pega la gana, hacer de mí lo que quiere. Pero para el yo no hago parte de sí y para mi, el no existe.